Grupo Mettro · tesis · 04
Convento de San Miguel Arcángel
El Convento de San Miguel Arcángel propone una arquitectura que actúa como catalizador de espiritualidad, contemplación y reconstrucción comunitaria. Desde la restauración de una iglesia dominica del siglo XVII, el proyecto busca reunir comunidad, paisaje y vida espiritual en el entorno lacustre de la isla.

El Convento de San Miguel Arcángel surge en la Isla del Viejo Soyaltepec, Oaxaca, México, como respuesta a la crisis contemporánea de espiritualidad y a la pérdida de cohesión comunitaria en las poblaciones del Lago de Soyaltepec. El punto de partida es la histórica Iglesia de San Miguel Arcángel, templo dominico del siglo XVII, registrado en el Catálogo Nacional de Bienes Culturales (2025). Hoy se encuentra deteriorado y cubierto por una estructura provisional, después del abandono progresivo de la isla tras la construcción de la Presa Miguel Alemán.





La propuesta consolida un conjunto conventual para las Hijas de la Caridad de San Vicente de Paúl. El convento se entiende como infraestructura espiritual, educativa y social, orientada al acompañamiento y al servicio al prójimo. Parte de la idea de que la espiritualidad puede ser principio generador de la arquitectura (Pérez Mena, 2019) y de que un espacio diseñado desde ella puede actuar como catalizador espiritual.





La base teórica retoma Las Instrucciones de la fábrica y del ajuar eclesiástico de San Carlos Borromeo (1563). Sus principios de austeridad, jerarquía espacial y claridad litúrgica se reinterpretan desde una lógica contemporánea y tropical. Un algoritmo programático permitió estudiar relaciones espaciales, secuencias contemplativas y grados de privacidad entre los ámbitos públicos, conventuales y plurisociales.





El conjunto se organiza mediante patios, claustros abiertos, corredores ventilados, huertos y vacíos orientados hacia el lago. La luz natural funciona como material: la orientación y la profundidad de las aperturas crean atmósferas de penumbra, silencio y contemplación. En el oratorio, placas translúcidas y aperturas cenitales transforman el espacio a lo largo del día y en momentos solares específicos.





Las cubiertas cumplen funciones simbólicas y ambientales. Las celdas reinterpretan la media bóveda como refugio contemplativo; la biblioteca adopta la curvatura de un libro abierto y su cubierta opera a la vez como tragaluz y sistema de captación pluvial.





El conjunto busca una expresión austera con muros de carga de tabique recubiertos de concreto pigmentado naranja, colado en sitio con cimbra de madera entablada. Incorpora captación, tratamiento y reúso de agua pluvial. En el modelo digital, las estrategias pasivas de ventilación y masa térmica produjeron diferencias de hasta 10 °C entre el exterior y el interior.





El programa integra un taller textil para la Asociación Esperanza Mazateca y una explanada para un mercado dominical de las comunidades del lago, con la intención de consolidar a Soyaltepec como vínculo territorial y comunitario. En los huertos se aplica el sistema de bosque comestible de Robert Hart (1980), que combina producción alimentaria, sombra y regeneración del suelo.



Planta arquitectónica

Corte arquitectónico
